Siempre se estrecha el reloj de arena por su mitad. Te pongas como o donde te pongas, has de llegar al centro. Entrar por un estrecho agujero y caer a lo desconocido. El tiempo como arenilla se desliza entre los dedos incapaz de sujetarse. No es un adiós, es un hasta pronto. Pero en el fondo da igual lo que sea, el caso es que hay que atravesar el velo. Atravesar. Gira, pequeña bola en el cosmos, gira y gira y marca los días de pájaro. Días felices
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