Ardo, Eduaardo, porque a un bastardo le sale del nardo todo quemarlo y cambiar tanto verde por erial pardo. Y a resguardo con retardo, dejo mi fardo y para luego lo guardo. Y permíteme ser como un bardo que tardo menos que un leopardo para dejarle un petardo a quien quema tanto árbol y a quien no hace nada por remediarlo. Quien a buen árbol se a rima, amanece más temprano. El que juega con fuego te dirá quien eres.
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Mostrando entradas de agosto, 2025
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Y después de cenar, bajamos al salón del hotel. Enseguida supe que fingía, que quería hablar, si pero haciendo como que estaba un poco bebida. Para luego disculparse si salía mal. Nos sentamos y ella actuó otra vez, echándose al suelo y abrazada a mis rodillas porque, decía, estaba más comoda. Una vieja tía segunda suya, apareció por la puerta y se sentó apartada de nosotros pero mirando en nuestra dirección. A ella le dió disgusto eso, porque se trastocaban sus planes. Si bien la anciana miraba el móvil sin apenas levantar la vista, ya no se senttía ella todo lo íntima que esperaba estar. Fue culpa mía, porque debí darme cuenta y alejarla de allí con cualquier excusa. Perro viejo ya había vivido en otras ocasiones esa lucha de fronteras. Quería rollo, pero quería tener la justificación de no estar en su conocimiento. La abuela seguía mirando su móvil. Ella se decidió y comenzó a susurrarme algo como que ella ese verano había... ese verano había... y me abrazaba cada vez más las pierna...
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En total ingravidez, y a milla y media de la orilla, la soledad y el mar son variables de una sola ecuación. ¿Quien soy? la incognita a despejar. Y una vez, cuando ya Malke sabía nadar, vi un pez gigante. Pasó tan cerca que lo hubiera podido tocar. Momentos que viven en la memoria como animales imaginarios. Eso y la musiquilla que se mete en la cabeza mientras nada falta para llegar.