En total ingravidez, y a milla y media de la orilla, la soledad y el mar son variables de una sola ecuación. ¿Quien soy? la incognita a despejar.
Y una vez, cuando ya Malke sabía nadar, vi un pez gigante. Pasó tan cerca que lo hubiera podido tocar. Momentos que viven en la memoria como animales imaginarios.
Eso y la musiquilla que se mete en la cabeza mientras nada falta para llegar.
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