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Mostrando entradas de noviembre, 2024
¿Qué pájaro ama más la libertad que su jaula? Cañamones diarios, agua en bebedero, limpieza metódica. ¿Qué jaula ama más a su pájaro que a la libertad? Trinos, saltos y bailes, plumas y gorjeos. Y mientras fuera frío, calor, hambre sueño atrasado moscas y peligro intemperie miedo y felicidad Una jaula es una jaula, aunque abarque el universo entero.
Penny Sue El psiquiatra afirmó que no habría problema. Recomendó a mi madre que, vigilando, pero sin agobiarme, podía ir tres semanas al hotel junto a los baños. Que además me haría bien. Mi rutina era simple: A las ocho salía de la cama, una ducha y bajaba a desayunar. Huevos y bacon, dos tostadas y leche desnatada siempre que estuviera tibia y dos comprimidos azules. Visita al aseo, mis necesidades y luego cuatro horas de sol y baño. Después el almuerzo sobre las dos. Paseo de dos horas y siesta. Un par de horas para conversar con los otros huéspedes, lo cual me fastidiaba pero decían que me convenía y luego una cena ligera, con otras dos tostadas de pan de centeno y un comprimido amarillo. Lectura en la habitación hasta que me diera sueño, otra visita al aseo y a dormir. Se llamaba Penny Sue. La conocí al comenzar la segunda semana. Para tener ya once años era muy revoltosa, indiscreta y preguntona. Se interesaba sobre todo en por qué mi madre me daba medicación. Cuando la terce...
MEDIO VACÍO En la barra del bar del hotel quedábamos pocos. A esas horas casi todos habían subido a las habitaciones. Los últimos en retirarnos apurábamos la penúltima. Muy pocos: Dos hombres hablaban al fondo en voz baja. Una chica muy joven miraba al vacío a través de una copa de vino. Luego yo y mi vaso  de bourbon, que estaba medio lleno y apoyada en la otra pared, junto a mí, una morena muy alta y bien vestida bebía vermut en silencio y entre suspiros. Los dos tipos del fondo solo levantaron un poco la voz para discutir quien pagaba las copas. Ambos alargaron a la vez la tarjeta al camarero y éste, con la sabiduría de quien lleva años en el oficio, detectó de inmediato quien quería pagar realmente y quien fingía. Cogió la tarjeta adecuada y ambos se retiraron entre saludos. Uno subió a la habitación y el otro se marchó del hotel. La jovencita se demoraba mirando el vino y la morena de mi derecha suspiró otra vez. Sus ojos apuntaban en mi dirección. El camarero dejó de seca...