Romance de Rosafrita (caricatura) Jorge Llopis "Rosafrita, Rosafrita, la de la fermosa cara, la del airoso corpiño que de tan colmado estalla; la que las caderas mueve de tal guisa, que al miralla perdieron la su chaveta los Doce Pares de Francia. Rosafrita, si quisiérades, abriríasme tu estancia, guardada por once dueñas con cucuruchos de rafia. Si quisiérades, podrías dexar la puerta entornada, y yo pasaría dentro, non para cosa malsana, nin puerca, nin indecente, que proponerlo no osara, sino para que los dos nos metamos en la cama." Escuchando estas razones tan corteses y tan castas, ansí dixo Rosafrita. Bien oiréis lo que parlaba: "Ven esta noche, Bardolfo, que abriréte una ventana por la que podrás pasar si antes non te descalabras. Mas non olvides, doncel, que yo estoy ya maridada con don Lope Gil y Puertas, que, aunque fuese a Tierra Santa, puede volverse de pronto, y figúrate qué cara va a poner si nos sorprende con las manos en la masa. Mis dueñas non te preo...
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silencio y soledad Reconcentrado en mí mismo gozándo de mis perfecciones infintas La dulzura de nadie alrededor y pensar solo en ella Nadie por aquí nadie por allí ¡abrapalabra! soledad y silencio aunque son mancos van de la mano mudos que se besan con lengua se admiran y son ciegos soledad y silencio La irritante levedad del ser El infierno es el otro no, el infierno es él no, el infierno es que no, el infierno no no y no, él Si
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¿Qué pájaro ama más la libertad que su jaula? Cañamones diarios, agua en bebedero, limpieza metódica. ¿Qué jaula ama más a su pájaro que a la libertad? Trinos, saltos y bailes, plumas y gorjeos. Y mientras fuera frío, calor, hambre sueño atrasado moscas y peligro intemperie miedo y felicidad Una jaula es una jaula, aunque abarque el universo entero.
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Penny Sue El psiquiatra afirmó que no habría problema. Recomendó a mi madre que, vigilando, pero sin agobiarme, podía ir tres semanas al hotel junto a los baños. Que además me haría bien. Mi rutina era simple: A las ocho salía de la cama, una ducha y bajaba a desayunar. Huevos y bacon, dos tostadas y leche desnatada siempre que estuviera tibia y dos comprimidos azules. Visita al aseo, mis necesidades y luego cuatro horas de sol y baño. Después el almuerzo sobre las dos. Paseo de dos horas y siesta. Un par de horas para conversar con los otros huéspedes, lo cual me fastidiaba pero decían que me convenía y luego una cena ligera, con otras dos tostadas de pan de centeno y un comprimido amarillo. Lectura en la habitación hasta que me diera sueño, otra visita al aseo y a dormir. Se llamaba Penny Sue. La conocí al comenzar la segunda semana. Para tener ya once años era muy revoltosa, indiscreta y preguntona. Se interesaba sobre todo en por qué mi madre me daba medicación. Cuando la terce...
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MEDIO VACÍO En la barra del bar del hotel quedábamos pocos. A esas horas casi todos habían subido a las habitaciones. Los últimos en retirarnos apurábamos la penúltima. Muy pocos: Dos hombres hablaban al fondo en voz baja. Una chica muy joven miraba al vacío a través de una copa de vino. Luego yo y mi vaso de bourbon, que estaba medio lleno y apoyada en la otra pared, junto a mí, una morena muy alta y bien vestida bebía vermut en silencio y entre suspiros. Los dos tipos del fondo solo levantaron un poco la voz para discutir quien pagaba las copas. Ambos alargaron a la vez la tarjeta al camarero y éste, con la sabiduría de quien lleva años en el oficio, detectó de inmediato quien quería pagar realmente y quien fingía. Cogió la tarjeta adecuada y ambos se retiraron entre saludos. Uno subió a la habitación y el otro se marchó del hotel. La jovencita se demoraba mirando el vino y la morena de mi derecha suspiró otra vez. Sus ojos apuntaban en mi dirección. El camarero dejó de seca...
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El mejor bourbon de Texas. Siempre escondían el corazón tras un buen par de tetas. Solo arriesgaban el sujetador o un botón más de la blusita. Desde que un mono espabilado pintó un “te quiero” en la pared de su cueva con un par de mamuts y cuatro idiotas cazando. No hay mono que no pinte en un lugar de su cueva un par de algo, y, maybe también un “tonto el que lo lea” Y no hay mona que no sonría moviendo el culo al leer y piense “lo ha escrito por mi… soy muy especial”.
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Las tinieblas de la noche era un juego al que la era digital exitinguió hace décadas. Grupos de adolescentes nos juntábamos en una habitación y apagábamos todas las luces. Jugábamos a palparnos, refugiados en el anonimato de las tinieblas. Agazapados en las sombras teníamos licencia para tocar. Nunca una caricia fugaz se sintió tan sola como cuando cruzaba un mar de soledad para llegar a la oscuridad de un vientre, un pecho, un culo o un rostro. Ni sabíamos a quien tocábamos ni sabíamos quien nos tocaba. Y nadie se podía chivar, no existía el derecho a queja. Sólo había dos normas: Una, no pellizcar y dos, guardar silencio. Tan solo repetíamos de vez en cuando "¡Las tinieblas de la noche!". Y era una especie de faro en la oscuridad, la voz de quien queríamos acariciar guiándonos al puerto del tocamiento torpe. Y risas, muchas risas.
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Era de buena mañana y ya había pasado el lechero. No recuerdo si Malke sabía nadar, pues yo era tan solo un muchacho, pero a la edad de 3 años empecé a leer. Todos los pijamas estaban recogidos en un rincón menos el mío. -Es para no pasar frío, si total luego me lo tendré que volver a poner –dije, y todos lo entendieron. Luego, como sabíamos que nos escuchaban, saludábamos a los operarios de los micrófonos, y preguntábamos por sus madres. No sabíamos que tenían que ver sus madres, pero nuestro padre nos dijo que lo hiciéramos. –Es por buena educación. –Dijo el mayor haciendo como que sabía. Luego se encendía un pitillo, que sería el primero y único del día, y decía en voz alta: ¡El hombre que sabe fumar, echa el humo después de hablar! Todos asentíamos y lo envidábamos. Ella no llegaba pronto, ese día tampoco. Sabía que cualquier retraso pone en guardia al público y así creaba un ambiente hostil. Nos asomábamos de dos en dos por la rendija de la puerta para ver cómo se cambiaba ant...
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En un no lejano futuro, habrá unos ojos curiosos, los tuyos. Si, tus ojos. Tu que estás leyendo ésto ahora, en éste momento, que es tu hoy pero es el mañana de mi hoy, que es a la vez tu ayer de tu ahora. Te escribo a ti, casi viéndote, casi sintiendo tus ojos en mis palabras. Solo es tiempo lo que nos separa. Instantes iguales separados por el tiempo. La cultura en Salamanca es una académica palanca, que escribía Unamuno. Huy, exclamas mientras piensas, que culto era, citando a don Miguel, quien lo hubiera dicho. Ahora sonríes con un poco de extrañeza ¿Como lo habrá sabido, se referirá a mi? piensas. Ay, sería tan bonito que de verdad pensara en mi, me presintiera a través de tanto tiempo, imaginas. Son solo palabras. Desde que un troglodita dibujó un "tequiero" en una pared de la cueva, el resto de la humanidad no ha hecho sino imitarlo. Y cuando otra troglodita lo besó, pensó recordando el dibujo en la pared: "¡me gustó más el libro!". Y lentamente amaneció.
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Si la Vía Láctea, nuestra galaxia, fuera del tamaño de Estados Unidos, nuestro Sol sería en comparación la mitad del tamaño de un glóbulo rojo. Todo nuestro sistema Solar, con sus planetas, entraría dentro de la yema del dedo meñique. Nuestra Tierra sería del tamaño de un virus... o menor aún. Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sol, que está situada a poco más de cuatro años luz, estaría a 200 metros. Y eso que nuestra galaxia es solo una más del grupo local, con Andrómeda como la más grande, la Galaxia del Triángulo y la Gran nube de Magallanes y aún otras galaxias menores. Y el grupo local no sería más que un patio de vecinos en las afueras de un gigantesco mundo-ciudad, que sería tan solo el Universo observable. La distancia es el olvido, dijo ella, y comprendí porqué no recuerdo nada. El Alzheimer es tan solo una ecuación e=mc2 -Vámonos de aquí, -respondí -¿Donde? -Da igual, lejos es sólo un adverbio. Y al principio de los tiempos, estábamos tan juntos que estallam...
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Hoy, los nuevos "Prisco y Vero" se enfrentan. En pocos minutos nuestros nuevos césares convocan multitudes para entretener al senado y al pueblo de Roma. La insoportable levedad del verano se enfrenta a la Guerra y la Paz de la historia de dos naciones. El "Caffard" la apatía del calor de Alejadría, que escribía Durrell. Justine, Baltasar, Mountolive y Clea. El escritor como mar de fondo. Soy el primero de España y quinto de Alemania, el televidente Sol.
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Dice el Talmud que no vemos las cosas tal como son, sino tal como somos. Vemos lo que somos. Más aún: Somos lo que vemos. Toda acción provoca reacción. No deberíamos culpar a nadie si ponemos nuestro ego en la imagen que ofrecemos. No soy lo que ves de mi. Soy lo que puedes ver, sumado a lo que no sabes ver y añadido a lo que oculto. Ergo sum Hay algo de imagen en lo que ves y algo de mi en la imagen que percibes. Y ahora que hemos captado tu atención con las palabras, llega el momento de los hechos: Nunca es tan oscura la noche, como justo antes del amanecer. Quien más aprecia la luz del sol es quien ha vivido en las tinieblas de la noche.
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Raya raya punto: carita de ceniza, zapato de cristal. Te echo de menos. Por más enanos con que te rodees, nunca probarás la manzana, ni despertarás entre mis brazos. Abandonas los sonidos del silencio y la espuma de las caracolas por un par de piernas; para abrirlas mejor, dices, como las orejas del lobo. Como las narices del lobo, ay abuelita El más joven maestro oriental, vencido por una mujer. Sing us a song, you´re mongol man. No hay muralla que me separe de tu mirada. Ausente por la absenta vi elefantes rosas: lo de menos son las orejas, dijo, céntrate en volar. Cuando los animales fueron al cine, toda la manada se fijó en la pantalla. La peli era de la selva; ¡me gustó más el libro! aulló un lobo. Sólo la luna sonrió. El sueño secreto de cualquier padre: Una niñera con poderes mágicos. O una niñera con poderes, o una niñera... o una. Spoiler, sale mal: ellas siempre acaban con el carasucia. Cambio magia casi sin usar por rey de Inglaterra, urge.
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Demasiados años de guerra corrían por sus venas. Después de cada batalla conjuraba la sangre el miedo y el pasado. Sin ropas ni mentiras entraba en el agua del rio, y allí flotaba como un nenúfar más. Sus canas teñían susurros plateados en el canto de las ranas. Las arrugas de su rostro cuajaban de sonrisas el murmullo del agua que bajaba de la montaña. Allí sin inviernos, estacionaba el tiempo. No había mas voces que las poesías. Sin espada que esgrimir solo bailaba en su mano un cálamo. Allí volvía una y otra vez a terminar su haiku y sabía que al transcribir el último candji de la última frase, escribiría también el fin de su vida. Con la sorpresa de quien tantas veces ha mirado sin ver, su ojos descansaron en el campo de rosas de azafrán del jardín. Vio lo que estaba sucediendo en ese mismo momento... las rosas hacen dorado el jardín del anciano muerto No pudo escribirlo y el agua y su nombre se perdieron en el ...
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LA MEJOR AMIGA DEL HOMBRE Siempre se habían llevado las dos muy bien ¿Quién no se llevaría bien con una Border Collie? Pero, sobre todo, aunque las dos eran tan diferentes que solo compartían estar cubiertas de pelo, una cosa las unía por encima de todo: adoraban al amo. El amo. Su olor por la mañana, su forma de hablar tan suave, con esa voz grave y esos modales exquisitos. Cuando las llamaba se le acercaban tímidas y casi temblando. Pipa, la Border Collie, llegaba siempre antes, por supuesto. Lycosia era más lenta pero jamás hacía ruido. Pero en realidad poco importaba que fuera agradable o áspero. Que oliera a humano o a jabón. Que quisiera jugar arrojando un palito, y el juego del palo tenía algo de humillante, pero Pipa siempre cumplía trayéndolo a toda prisa. O que dejara comida –lo hacía a propósito, pensaba Lycosia- en el suelo para ella. Era el amo y algún instinto ancestral las empujaba a ambas a venerarlo, temerlo, amarlo y protegerlo, todo a la vez y hasta con s...