Demasiados años de guerra corrían por sus venas. Después de cada batalla conjuraba la sangre el miedo y el pasado. Sin ropas ni mentiras entraba en el agua del rio, y allí flotaba como un nenúfar más. Sus canas teñían susurros plateados en el canto de las ranas. Las arrugas de su rostro cuajaban de sonrisas el murmullo del agua que bajaba de la montaña. Allí sin inviernos, estacionaba el tiempo. No había mas voces que las poesías. Sin espada que esgrimir solo bailaba en su mano un cálamo. Allí volvía una y otra vez a terminar su haiku y sabía que al transcribir el último candji de la última frase, escribiría también el fin de su vida. Con la sorpresa de quien tantas veces ha mirado sin ver, su ojos descansaron en el campo de rosas de azafrán del jardín. Vio lo que estaba sucediendo en ese mismo momento... las rosas hacen dorado el jardín del anciano muerto No pudo escribirlo y el agua y su nombre se perdieron en el ...
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LA MEJOR AMIGA DEL HOMBRE Siempre se habían llevado las dos muy bien ¿Quién no se llevaría bien con una Border Collie? Pero, sobre todo, aunque las dos eran tan diferentes que solo compartían estar cubiertas de pelo, una cosa las unía por encima de todo: adoraban al amo. El amo. Su olor por la mañana, su forma de hablar tan suave, con esa voz grave y esos modales exquisitos. Cuando las llamaba se le acercaban tímidas y casi temblando. Pipa, la Border Collie, llegaba siempre antes, por supuesto. Lycosia era más lenta pero jamás hacía ruido. Pero en realidad poco importaba que fuera agradable o áspero. Que oliera a humano o a jabón. Que quisiera jugar arrojando un palito, y el juego del palo tenía algo de humillante, pero Pipa siempre cumplía trayéndolo a toda prisa. O que dejara comida –lo hacía a propósito, pensaba Lycosia- en el suelo para ella. Era el amo y algún instinto ancestral las empujaba a ambas a venerarlo, temerlo, amarlo y protegerlo, todo a la vez y hasta con s...