OBRA DE TEATRO PARA LA NAVIDAD

Para Ana Mª Marqués García 2022

 

PERSONAJES

 


·        Dios

·        San Gabriel

·        San Miguel

·        San Rafael

·        Varios ángeles

·        El diablo

·        San José

·        La Virgen María

·        Posadero

·        Mula

·        Buey

·        Varios pastores


 

ESCENA PRIMERA

 

Muchos ángeles están reunidos en la sesión del trono celestial. Todos preocupados porque los ha llamado San Gabriel, el mensajero de Dios con mucha urgencia. Solo falta Dios. En ese momento entra el diablo, saludando como si fuera una gran estrella de cine. Algunos ángeles lo miran, otros suspiran... él entra con mucha sonrisa, amable, cariñoso y aparentando que es buenísimo. San Miguel, San Rafael y San Gabriel son los únicos que desconfían.

San Rafael: ¿A que vendrá ahora el muy sinvergüenza?

San Miguel: Seguro que a fastidiar. No me fío ni un pelo de él

diablo: Oh, por favor... que mal pensados. Que poco tolerantes ¿verdad niños? dirigiéndose al público con cara de bueno. Abucheos

San Miguel: susurrando a San Rafael y al público: A éste le daba yo tolerancia... al mismo tiempo sacude un garrote enorme que tiene escrito “diálogo”. Mientras todos los niños se ríen, el diablo hace burlas al público.

Diablo: ¡Pues que sepáis que yo también soy un Arcángel! Y que tengo derecho de asistir a la reunión. A mí no me da miedo ni Dios ni nadie. Y menos vosotros.

En ese momento entra Dios Padre, no dice nada. Todos los ángeles se agachan para adorarlo menos el diablo, que se queda mirando hacia otro lado con los brazos cruzados y la cabeza muy levantada. Dios habla aparte con San Gabriel, San Miguel y San Rafael, sus mensajeros. Cuando termina de susurrarles, Dios se levanta y se marcha. Todos le hacen reverencias menos el diablo.

San Gabriel: De parte de nuestro Señor ¡La plenitud de los tiempos ha llegado! El Hijo Único se hará como un hombre para salvar a los hombres. Seré el encargado de llevarlo a la mujer elegida si ella consiente. Disponeos todos para avisar a los hombres que tienen que participar, ya sabéis: A los Reyes Magos, a la Estrella, a los pastores y a todos los demás. Además, hay 3 tesoros (El diablo abre mucho los ojos) para entregar junto con el Niño Jesús. El primero es para la Mujer, el segundo para el Hombre y el tercero es…  secreto, secreto.

Se va cada uno a lo suyo. El diablo se queda solo. Y empieza a dar vueltas preguntándose como fastidiarlo todo. Necesita saber quién será la mujer elegida, cuando nacerá el niño Jesús y cómo salvará a los hombres.

Diablo: (preguntando al público) ¿Me decís cuando nacerá Jesús y quien será su Madre? ¡Es para hacerles un regalito! ¡Venga, podéis decírmelo, tranquilos, que nadie se va a enterar!

Público: ¡Noo! (todos los niños tienen que gritar NO, porque el diablo quiere matar a Jesús y a su madre). En ese momento entra en escena San Miguel con el garrote.

San Miguel: Niños ¿dialogamos con éste? Todos dicen que sí y empieza a darle garrotazos. Ambos dan varias vueltas por el escenario y el diablo escapa huyendo de San Miguel que le sigue arreando.

 

FIN DE LA ESCENA PRIMERA

ESCENA SEGUNDA

 

Está San Gabriel solo, está nervioso, dando vueltas y ensayando el mensaje que tiene que llevar a la Virgen. Tiene envuelto en papeles viejos un objeto que debe entregarlo junto con el mensaje. En ese momento aparece el diablo que estaba escondido. Parece muy amable.

Diablo: ¡Buenos días compañero! ¿Qué haces y dónde vas si puede saberse?

San Gabriel: Sabes muy bien que llevo un mensaje para la Madre del Señor y le llevo también un tesoro. ¿Qué quieres? Dilo rápido porque tengo prisa, y no intentes seguirme, que ya sabes que puedo dialogar contigo.

Diablo: ¡Vale hombre, no te pases! Si yo solo quiero llevarles también un regalito... (en ese momento y por lo bajo, enseña un cuchillo o una horca al público) dime al menos como será la mujer, que yo la busque también. Y ¿qué regalo le llevas ahí? Tiene que ser una birria, podrías haberlo envuelto mejor.

San Gabriel: Solo te diré que es la mujer más importante del mundo. Está llena de Gracia, es guapísima y es de la ciudad del Gran Rey. El regalo que le llevo es la FE, con ella se pueden hacer cosas estupendas, las mismas que hace Dios. Ahora, que no se te ocurra seguirme porque ya sabes…

Saca el garrote “dialogo”. Y el diablo se asusta mucho. San Gabriel se marcha y queda solo el diablo dando vueltas y preguntándose quien será la Mujer

Diablo: (Al público) ¿Vosotros sabéis cual es la ciudad del Gran Rey? Tiene que ser Roma, porque allí viven los Reyes más grandes del mundo. ¡ah, ya se! Como es la mujer más importante tiene que ser la mujer del César. Bien, bien... (se frota las manos) ¿Y la Fe? ¿Sabéis lo que es? Será una magia muy poderosa (se ríe mucho) se la robaré y seré tan poderoso como Dios. Decidme niños ¿he acertado? (los niños lo abuchean, el diablo les hace burla y les dice): Pues me voy a Roma ahora mismo a ver a la mujer del César y a robarle la fe. El diablo se marcha

 

 

FIN DE LA ESCENA SEGUNDA

 

ESCENA TERCERA

 

La Virgen María. Se sienta y se pone a coser. Cuando lleva unos segundos cosiendo entra San Gabriel, le hace una reverencia y pone a los pies de la Virgen el envoltorio de la FE. Luego se queda de pie a su lado. Todos en pie mientras se proclama el Evangelio de la Anunciación: San Lucas 1, 26 – 38

María: ¡Ah, por cierto, Gabriel! ¿Y ese regalo?

San Gabriel: Precisamente, mi reina. Es un regalo que os manda el Santo, bendito sea. Perdona que esté tan mal envuelto, pero es que Dios me especificó que tenía que ser así para no llamar la atención, recuerda la profecía de Isaías capítulo 45: “Es verdad tu eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador”.

Se trata de la FE, es la virtud necesaria para apoyar tu vida solo en Él. Guárdala bien porque, aunque parece solo como una semilla, cuando crezca toda la humanidad vendrá a cobijarse bajo ella.

La Virgen María coge el regalo y el ángel se marcha y entra San José.

San José: Buenos días, María. Ya está casi terminada la casa. En cuanto acabe con los muebles, podemos ir a vivir juntos para siempre.

María: Buenos días, José. Que buenas noticias. Pero antes de nada, tengo que ir a Ein Karen yo sola, a ver a mi prima Isabel. Luego volveré y viviremos juntos. Y ven, que tengo que decirte un secreto.

María susurra al oído de San José y éste abre mucho los ojos sorprendido y asustado. María se marcha muy contenta y San José se sienta en el suelo, encogido, apoyando la cabeza entre las manos. Así está unos segundos hasta que…

Entra San Rafael, le hace una reverencia y deja a sus pies un regalo, también mal envuelto que tiene escrito “ESPERANZA”.

Todos en pie mientras se proclama el Evangelio del sueño de San José: San Mateo 1, 18 – 21

San José: ¡Ah, por cierto, Rafael! ¿Qué es eso de ahí?

San Rafael: Es el regalo que te envía el Santo, bendito sea. Está mal envuelto, ya sabes, porque es secreto. Es la ESPERANZA y es la virtud necesaria para estar contento siempre, pase lo que pase, y saber esperar sin echar a correr en medio de todos los acontecimientos de tu vida.

San José coge el regalo y San Rafael se marcha.

 

FIN DE LA ESCENA TERCERA

 

ESCENA CUARTA Y ÚLTIMA

 

El diablo está sentado pensando, parece preocupado y enfadado. Ha perdido ya dos de los tres tesoros prometidos.

Diablo: ¡qué mal! Ya se me han escapado dos regalos. Y eso que eran los más fáciles porque sabía que el primero era para una mujer y el segundo para un hombre. El tercero puede ser para cualquiera, pero ese no se me escapa. Voy a endurecer el corazón de todos los hombres y las mujeres para que no acepten regalos de nadie sin que yo lo sepa. Así seguro que los pillo y me quedo con todo. ¡Si, eso voy a hacer, que listo soy!

El diablo se marcha muy contento.

Entran “El buey y la mula” haciendo sonar el cencerro. Se recuestan en el suelo. Entra San Miguel, lleva una espada en una mano y un regalo, también muy mal envuelto, en la otra:

Buey: ¡Muuuuuu!

Mula: ¡Ihhhh Ahhhhh!

San Miguel: Bueno, bueno si, encantado. Yo también me alegro de veros.

Buey: ¡Muuuuu!

San Miguel: Si, si, pues a eso iba, vengo a traeros un regalo. Es muy especial, los otros dos regalos eran para hacer las mismas cosas que hace Dios, pero es que éste regalo ¡¡es Dios mismo en persona!!

Mula: ¡Ihhhh Ahhhhh!

San Miguel: Ya, yo tampoco lo entiendo, pero así hace Dios las cosas. Dice que es para que se cumpla el salmo 35. No hay que darle más vueltas.

Buey: ¡Muuuuuu!

San Miguel: Vale, perdona que haya dicho lo de darle más vueltas. Ya sé que tu trabajo es dar vueltas con el arado y el de la mula dar vueltas en el molino.

Mula: ¡Ihhhh Ahhhhh!

San Miguel: No, no era muy apropiado… Bueno, lo siento. Aquí teneis el regalo, es la “CARIDAD”, y como os he dicho, es Dios mismo. Cuando veáis esta noche un hombre y una mujer embarazada, los lleváis al pesebre, los abrigáis y se abrirá vuestro regalo.

San Miguel les entrega el regalo y se va. La mula y el buey también se van y entran San José y María, están hablando con un posadero. María está embarazada a punto de dar a luz y no hay sitio por ningún lado.

 

San José: ¡Pero si te estoy ofreciendo más del doble de tu tarifa! ¡Que para ti es un regalo! Mira que mi mujer está a punto de dar a luz, hombre, no tengas tan duro el corazón… ¿el triple? ¿todo lo que tengo…?

Posadero: ¡Que no quiero regalos! No hay sitio y punto. Hale, que corra el aire, que no tengo tiempo.

Aparece la mula que con la cabeza suavemente empuja a San José hasta el pesebre, donde está el buey acostado. Cuando llegan, la mula se acuesta junto al buey María se coloca en medio de ellos.

San José: ¡Que animales tan mansos y buenos! Descansa aquí, María, voy a traer comida y agua.

María: Cierra al salir.

Todos en pie mientras se proclama el Evangelio de la Natividad: San Lucas 2, 6 – 7

Sale San José, cierra la cortina y va a buscar comida y agua. Luego vuelve, abre la cortina y están María y Jesús, que ya ha Nacido y la mula y el buey con el paquete del regalo abierto. San José se arrodilla junto a María y el Niño.

Entran todos los ángeles y felicitan a San José a María y a la Mula y el Buey. Cogen al diablo, lo tiran al suelo lo muelen a palos y entonces los tres arcángeles, San Miguel, San Gabriel y San Rafael recitan juntos el salmo 35 que es el que se cumple en la Navidad.

 

El malvado escucha en su interior

un oráculo del pecado:

«No tengo miedo a Dios,

ni en su presencia».

Porque se hace la ilusión de que su culpa

no será descubierta ni aborrecida.

 

Las palabras de su boca son maldad y traición,

renuncia a ser sensato y a obrar bien;

acostado medita el crimen,

se obstina en el mal camino,

no rechaza la maldad.

 

Señor, tu misericordia llega al cielo,

tu fidelidad hasta las nubes;

tu justicia, hasta las altas cordilleras,

tus sentencias son como el océano inmenso.

 

Tú socorres a hombres y animales;

¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,

los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

 

se nutren de lo sabroso de tu casa,

les das a beber del torrente de tus delicias,

porque en ti está la fuente viva,

y tu luz nos hace ver la luz.

 

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,

tu justicia, con los rectos de corazón;

que no me pisotee el pie del soberbio,

que no me eche fuera la mano del malvado.

 

Han fracasado los malhechores;

derribados, no se pueden levantar.

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