Cuando los recuerdos se vayan como arena entre los dedos.

Cuando resbale leyendo el pez plátano, cuando una sonrisa anuncie el comienzo de un nuevo libro de Terry Prattchett o la memoria me regale el olvido de uno ya leído. Entonces tendré la filosofía a mano armada y Lolita será un insecto monstruoso escondido en su alcoba.

Tolkien y yo nos miraremos cómplices al escuchar la enésima absurda interpretación de su obra, y en el callejón de los milagros los hijos de nuestro barrio jugarán rayuela con el péndulo. No hay nombres para la rosa y bello gálico no sonará a guerra.

No querré verte languidecer como la Gautier ni habrá huevos fatales. No tendremos hierba roja.

Cuando ya no frecuente otros bares...

Seguiré llamando a las cosas por tu nombre.

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