Ajena o más bien ignorante de las pulgas que vivimos en su superficie, la tierra sigue girando alrededor de una masa de fusión nuclear del hidrógeno. Con la presión éste se transforma en helio y libera una energía que atrae la vida. Y la abrasa. Le da luz y calor. Y lo quema todo. Y lo revive todo.

Vivimos en una lámpara de gas llamada atmósfera. Brilla con luz ajena y nos hace creer en cielos e infiernos.Mientras fuera, todo es oscuridad.

Y estrellas. Más veloz que la luz es la mirada. De Sirio, la blanca doble, a 8,6 años luz llegamos en un parpadeo a la roja gigante Betelgeuse, a más de 850 años luz.

Está lleno de estrellas.

Y de miradas.

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