Se preguntaba Enrico Fermi a mitad del siglo XX donde estaban todos los supuestos extraterrestres.

Finalmente formuló una paradoja: Si es tan probable, que ciertamente lo es, la existencia de civilizaciones extraterrestres ¿Por qué no  contactan con nosotros? ¿Hay alguien ahí fuera?

Varias hipótesis tratan de justificar esa ausencia de señales:

La Gran barrera: Cualquier civilización tiene un límite, puede estar anterior a nosotros con lo que seríamos un caso muy aislado, o bien delante de nosotros ya que no podríamos desarrollar más tecnología porque debido a guerras, conflictos, catástrofes naturales o cualquier otro agente las civilizaciones serían reseteadas antes de poder contactar.

La Gran distancia: Solo nuestra galaxia tiene 100.000 años luz de diámetro. Nuestras señales de radio apenas llegarían ahora mismo a más de 100 años luz desde que las emitieron a primeros del siglo XX.

El Gran Zoológico: Civilzaciones alienígenas nos observan evitando ser detectados, esperando que o bien nos extingamos o bien nos desarrolemos más hasta poder aceptarlos.

Además es muy probable que nos ciegue nuestro "antropocentrismo". Es decir, no buscamos alienígenas, en realidad nos buscamos a nosotros mismos y solo estamos focalizados en captar a quien se comunique con nosotros en nuestro idioma, con nuestros medios y con nuestras características.

Y por supuesto no terminamos de comprender la enormidad del universo. Magnitud inimaginable no solo en espacio, sino también en tiempo: Los poco más de 150.000 años de homo sapiens y sus casi 6.000 años de historia escrita, son medio suspiro en la edad de nuestra tierra, de 4.500 millones de años o la supuesta edad de 14.000 millones de años del universo.

Somos apenas un parpadeo en medio de una inmensidad de espacio y tiempo. Como siempre, nos creemos el centro de todas las miradas y el ombligo del firmamento.

Somos polvo de estrellas, polvo eres y al polvo volverás. Pero como dijo Quevedo: Si, somos polvo, más polvo enamorado.


Comentarios

Entradas populares de este blog