Hay opiniones que sólo se curan viajando. Otras resbalan y otras se fundamentan.

Para timar, nadie como un español. Para insultar un argentino. Y para dar la turra de cuñado, un francés. Nadie discute como un italiano, ni amenaza como un alemán. Para beber un ruso y para rezar un polaco. ¡Que bien piden los griegos y pelean los irlandeses! Y para montar un buen lío, un inglés.

Solo un inglés y un perro soportan el calor.



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