Los ojos asombrados de un anciano me observan tras el espejo. Piensa ese viejo a ver que diablos habrá pasado para tener este aspecto. Se pregunta por qué habrá tenido la cachaza de abandonar la lctura de los prospectos de medicamentos en el aseo.
Ay de mí. Desde que dejé de leer soy más viejo, me digo, y solo es que me miro más al espejo.
No, pienso. No. Uno sólo se hace viejo cuando utiliza el gel para la cabeza y tiene que usar el champú para el resto del cuertpo.
Hoy ojeando el que antiguamente era tweeter, salta el trino de una niñata pregutando...
"¿Qué harías conmigo?".
"El ridículo". Pienso.
Luego existo.
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